Agresividad con causa: ‘del puñetazo en el ojo, al puñetazo al corazón’


Impactar es el objetivo. Pero sobre todo, hacer que el impacto llegue allí donde el mensaje cala y lo convierte en una referencia memorable.

Hablar de niños con cáncer es duro. Máxime, cuando la forma elegida para hacerlo consigue removernos de nuestros confortables asientos, y nos sitúa en ese punto en el que el pulso se nos detiene.

La campaña de hoy es, sin duda, una de las más atinadas que he visto y sentido. La imagen de un padre en guerra, cabreado, rebelde, insumiso ante la adversidad… nos atrapa y envuelve en un estado de incómoda desesperación.

Para llegar a ese estadío, Luca Lucini, director de esta pequeña obra maestra de la comunicación, nos traslada desde una perspectiva inicialmente incomprensible y poco asumible, hasta estrellarnos con una realidad angustiosamente justificada.

La empatía que se genera viendo la impotencia de un padre desesperado por la enfermedad de su hijo, nos desgarra… llevándonos a un punto sin retorno, en el que nuestros sentimientos se desbordan.

Y es que, si hay una causa por la que merece la pena luchar, pegar uno -o mil-puñetazos, rebelarse y gritar, es por un hijo… Sea nuestro o de otros…

Porque eso no es violencia… es ‘corazón’.

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